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La efímera alegría de Rodrigo Cadete, antes de regresar al monte y al narcotráfico

Por un momento Rodrigo Cadete dejaba el alias que lo acompañaba desde el 8 de diciembre de 1980 cuando en la vereda El Porvenir del municipio de El Pajuil en Caquetá se vinculaba a las Farc. Viendo el holograma del partido de la rosa pegado como una lapa a las columnas del congreso volvió a ser Edgar Salgado, un campesino caqueteño al que le tocó escoger uno de los bandos de una guerra que parecía ser eterna. El compromiso que tenía Cadete con el proceso de paz era innegable. El excomandante del frente 27 de las Farc era un hombre que se sentía como pez en el agua en el combate. El 3 de agosto de 1998, cuatro días antes de la posesión como presidente de la República de Andrés Pastrana Arango, Cadete lideró la toma de la base antinarcóticos de la Policía de Miraflores, Guaviare. Era otra prueba del poder que entonces tenían las Farc en Colombia, una prueba más de que a finales de los años noventa el ejército estaba acorralado. El Mono Jojoy lo convirtió en uno de sus alfiles más letales. Su participación fue vital para que las Farc hicieran uno de sus golpes más sonados: la toma Mitú el 1 de noviembre de 1998 donde fueron asesinados 15 campesinos, 60 policías y 45 uniformados secuestrados. Desde esa época se convirtió en uno de los hombres que más llevaban plata a las arcas de las Farc. Ahora, en la misma operación, el Ejército va por John 40 quien compartió con Rodrigo Cadete las llaves del corredor de la droga con la que Brasil y Colombia se comunican por el Amazonas.
La efímera alegría de Rodrigo Cadete, antes de regresar al monte y al narcotráfico

La última vez que Rodrigo Cadete apareció en público fue el 1 de septiembre de 2017. Ese día la Plaza de Bolívar se atestó para ver a músicos como Edson Velandia o la leyenda viva del folclor nacional Totó la Momposina. No era un concierto cualquiera. La Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común nacía. Por un momento Rodrigo Cadete dejaba el alias que lo acompañaba desde el 8 de diciembre de 1980 cuando en la vereda El Porvenir del municipio de El Pajuil en Caquetá se vinculaba a las Farc. Tenía solo 13 años. Viendo el holograma del partido de la rosa pegado como una lapa a las columnas del congreso volvió a ser Edgar Salgado, un campesino caqueteño al que le tocó escoger uno de los bandos de una guerra que parecía ser eterna.

Cadete estaba en la tarima alterna, a un costado de la plaza de Bolívar, dándole la espalda al Palacio de Liévano. Su tranquilidad contrastaba con la alegría desbordada que demostraban comandantes como Carlos Antonio Lozada o Mauricio Jaramillo quienes no pararon de bailar en las cuatro horas que duró el evento. El compromiso que tenía Cadete con el proceso de paz era innegable. Fue uno de los primeros comandantes en entregar su arma y se concentró en la Vereda La Fila del municipio de Incononzo, Tolima, como tantos otros excombatientes. Eso sí, nunca se había callado nada. Ante los medios de comunicación mostró su inconformidad ante las demoras del gobierno en la…