Argentina

Palabras brutales y un silencio calculado

Una cosa es una propina o una changa, y otra muy distinta una coima. Evoca la espantosa figura de las migas y sobras que desbordan de las mesas de la abundancia. Elisa Carrió no es una monja laica, no es parte del voluntariado de una ONG, es una referente política insoslayable, parte del engranaje del poder. Ella misma se jacta de contar con el respeto presidencial, dice ser escuchada y tenida en cuenta en la cada vez más cerrada intimidad macrista. La changa alude a lo útil, pero también a lo informal, a lo precario, a esa economía en negro de la que se quiere salir. Los dirigentes políticos no están para pregonar la caridad, sino para asegurar la equidad y la justicia. Como si con lo de la semana no alcanzara, Lilita redobló la apuesta. Por si no alcanzara, enmarcó la situación en una suerte de castigo al partido por su misoginia: "Nos mandaban a las convenciones a servir empanadas y ahora los manejo yo desde afuera". "El aborto está ligado a una sociedad que piensa solo en el deseo particular y en su propio ombligo" dijo, y con respecto al caso de violación entró en declaraciones revulsivas: "No hubiera permitido que una mujer pueda abortar un embarazo producto de una violación […] lo podés dar en adopción, ver qué te pasa con el embarazo, trabajar con psicólogo, no sé". Todos son conscientes de que están en un brete.

Una cosa es una propina o una changa, y otra muy distinta una coima.
Evoca la espantosa figura de las migas y sobras que desbordan de las mesas de la abundancia.
Elisa Carrió no es una monja laica, no es parte del voluntariado de una ONG, es una referente política insoslayable, parte del engranaje del poder.
Ella misma se jacta de contar con el respeto presidencial, dice ser escuchada y tenida en cuenta en la cada vez más cerrada intimidad macrista.
La changa alude a lo útil, pero también a lo informal, a lo precario, a esa economía en negro de la que se quiere salir.
Los dirigentes políticos no están para pregonar la caridad, sino para asegurar la equidad y la justicia.
Como si con lo de la semana no alcanzara, Lilita redobló la apuesta.
Por si no alcanzara, enmarcó la situación en una suerte de castigo al partido por su misoginia: “Nos mandaban a las convenciones a servir empanadas y ahora los manejo yo desde afuera”. “El aborto está ligado a una sociedad que piensa solo en el deseo particular y en su propio ombligo” dijo, y con respecto al caso de violación entró en declaraciones revulsivas: “No hubiera permitido que una mujer pueda abortar un embarazo producto de una violación […] lo podés dar en adopción, ver qué te pasa con el embarazo, trabajar con psicólogo, no sé”.
Todos son conscientes de que están en un brete.