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El dólar aceleró el “service” de Cambiemos

El país adolescente ardía como en sus peores días. La semana pasada terminó con críticas generalizadas desde todos los sectores. El dólar cerró a 24 pesos y el fin de semana transcurrió en medio de rezos y preparativos para que el supermartes de las Lebacs no confirmara los pronósticos pesimistas de la mayoría de los analistas económicos. La otra fue una decisión política. Macri y Peña multiplicaron los gestos para cambiar la imagen de aislamiento presidencial (o el “solipsismo” del Jefe de Estado como le gusta decir al fino politólogo Andrés Malamud) por una imagen de apertura y de regreso al diálogo. El primer regreso fue el de Emilio Monzó, el presidente de la Cámara de Diputados que negocia las leyes con el peronismo cuya salida fue anunciada con un inncesario año y medio de anticipación. El lunes, Pinedo hizo una convocatoria de 61 senadores de todos los sectores políticos y llevó a 20 de ellos hasta la Casa Rosada para que le expresaran al Presidente su buena voluntad de que las refriegas de estas horas no tenían ni por asomo que ver con la disgregación del 2001. Peña se mantuvo todo el fin de semana en contacto con Monzó, con Negri y con Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, para asegurarse que las vísperas del supermartes no iban a ser puestas en riesgo por ningún cortocircuito político. Claro que si algo faltaba para marcar el cambio de aire político en el Gobierno era la convocatoria a un acuerdo nacional que hizo Peña. El planteo de fondo pasa por acordar con los gobernadores y el Congreso el objetivo común de bajar el indomable déficit fiscal, quizás la deuda más urgente que tienen ahora los gobernantes a la luz del acuerdo con el FMI que avanza hacia su firma para dentro de tres o cuatro semanas.

El país adolescente ardía como en sus peores días.
La semana pasada terminó con críticas generalizadas desde todos los sectores.
El dólar cerró a 24 pesos y el fin de semana transcurrió en medio de rezos y preparativos para que el supermartes de las Lebacs no confirmara los pronósticos pesimistas de la mayoría de los analistas económicos.
La otra fue una decisión política.
Macri y Peña multiplicaron los gestos para cambiar la imagen de aislamiento presidencial (o el “solipsismo” del Jefe de Estado como le gusta decir al fino politólogo Andrés Malamud) por una imagen de apertura y de regreso al diálogo.
El primer regreso fue el de Emilio Monzó, el presidente de la Cámara de Diputados que negocia las leyes con el peronismo cuya salida fue anunciada con un inncesario año y medio de anticipación.
El lunes, Pinedo hizo una convocatoria de 61 senadores de todos los sectores políticos y llevó a 20 de ellos hasta la Casa Rosada para que le expresaran al Presidente su buena voluntad de que las refriegas de estas horas no tenían ni por asomo que ver con la disgregación del 2001.
Peña se mantuvo todo el fin de semana en contacto con Monzó, con Negri y con Rogelio Frigerio, el ministro del Interior, para asegurarse que las vísperas del supermartes no iban a ser puestas en riesgo por ningún cortocircuito político.
Claro que si algo faltaba para marcar el cambio de aire político en el Gobierno era la convocatoria a un acuerdo nacional que hizo Peña.
El planteo de fondo pasa por acordar con los gobernadores y el Congreso el objetivo común de bajar el indomable déficit fiscal, quizás la deuda más urgente que tienen ahora los gobernantes a la luz del acuerdo con el FMI que avanza hacia su firma para dentro de tres o cuatro semanas.