Chile

Contaminación y prioridad presidencial

Tweet El problema de la contaminación del aire en Coyhaique se ha convertido en un problema de salud pública crítico, y las acciones que todos demandan para revertir esta realidad no se ven en el corto ni mediano plazo. El programa de recambio de calefactores ayuda pero no da abasto, la educación ambiental ayuda pero sus efectos son absolutamente de largo plazo. Crear subsidios para bajar el consumo de leña y aumentar el de otros combustibles, como gas y parafina, aparecen también como una opción de rápida implementación. Si hay alguna fórmula o solución más efectiva y rápida, bienvenida sea, pero hay que comenzar a tener otra actitud con este problema de salud, una postura más seria, más comprometida y exigirle al gobierno respuestas y propuestas para hacer frente a esta problemática. De ser así, la ciudadanía se pregunta dónde está el nudo de este problema, por qué ninguna autoridad gubernamental se refiere al tema con propiedad. Incluso la reciente visita de la Ministra Marcela Cubillos dejó una sensación de insatisfacción por la poca capacidad resolutiva de la Secretaria de Estado. Habrá que emplazar al Presidente de la República para que este problema ciudadano, social y de salud, se aborde con criterios donde lo económico no frene cualquier decisión que permita mitigarlo. Cuando existe la voluntad política y las cosas no resultan o no se hacen, está como última opción la prioridad presidencial, y esa sí que es potente y prácticamente imposible de frenar o revertir. Pero los tecnócratas dirán que Osorno, Temuco, Padre Las Casas, Talca y otras ciudades del sur de Chile pedirán lo mismo, y con justa razón apelarán al mismo mecanismo. A esa realidad nos enfrentamos, a una contaminación peligrosamente tóxica, a una cotidianeidad que amenaza nuestra salud y calidad de vida, pero también a la posibilidad de que se dé una nueva mirada o enfoque a este problema que no resiste más análisis y que demanda soluciones urgentes.

Tweet El problema de la contaminación del aire en Coyhaique se ha convertido en un problema de salud pública crítico, y las acciones que todos demandan para revertir esta realidad no se ven en el corto ni mediano plazo.
El programa de recambio de calefactores ayuda pero no da abasto, la educación ambiental ayuda pero sus efectos son absolutamente de largo plazo.
Crear subsidios para bajar el consumo de leña y aumentar el de otros combustibles, como gas y parafina, aparecen también como una opción de rápida implementación.
Si hay alguna fórmula o solución más efectiva y rápida, bienvenida sea, pero hay que comenzar a tener otra actitud con este problema de salud, una postura más seria, más comprometida y exigirle al gobierno respuestas y propuestas para hacer frente a esta problemática.
De ser así, la ciudadanía se pregunta dónde está el nudo de este problema, por qué ninguna autoridad gubernamental se refiere al tema con propiedad.
Incluso la reciente visita de la Ministra Marcela Cubillos dejó una sensación de insatisfacción por la poca capacidad resolutiva de la Secretaria de Estado.
Habrá que emplazar al Presidente de la República para que este problema ciudadano, social y de salud, se aborde con criterios donde lo económico no frene cualquier decisión que permita mitigarlo.
Cuando existe la voluntad política y las cosas no resultan o no se hacen, está como última opción la prioridad presidencial, y esa sí que es potente y prácticamente imposible de frenar o revertir.
Pero los tecnócratas dirán que Osorno, Temuco, Padre Las Casas, Talca y otras ciudades del sur de Chile pedirán lo mismo, y con justa razón apelarán al mismo mecanismo.
A esa realidad nos enfrentamos, a una contaminación peligrosamente tóxica, a una cotidianeidad que amenaza nuestra salud y calidad de vida, pero también a la posibilidad de que se dé una nueva mirada o enfoque a este problema que no resiste más análisis y que demanda soluciones urgentes.