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La soprano que daba la nota

De la narración de María Callas: en sus propias palabras se desprende que esa es una de las formas de ver a la que está considerada la soprano más grande del siglo XX: como la agonista de una tragedia griega, manipulada por su madre de pequeña, abandonada por el amor de su vida, con problemas vocales antes de los 40, retirándose de los escenarios a los 41 y falleciendo a los 53, por causas borrosas. Recién sobre el final del matrimonio la divina se entera de que al hombre lo único que le importaba era la plata. Y eso que el hombre la había traicionado mal. El canto es lo único que “la tigresa” tiene. En una entrevista “tira el anzuelo” a algún posible productor, propalando que le gustaría hacer de Lady Macbeth en teatro, e incluso papeles cómicos. Esta diva con tanta conciencia de estar subida a un escenario jamás dejó de actuar ante cámaras: su sonrisa es imborrable; su mirada, insinuante; sus declaraciones posiblemente ensayadas. Esto es más visible sobre el final, cuando a la diva no le queda nada por hacer, posando sin mucho sentido frente a cámara como podía hacerlo otra diva, Isabel Sarli, cuando su marido la filmaba con la palabra “frotate” como único mandamiento. Página/12 tiene un compromiso de más de 30 años con ella y cuenta con vos para renovarlo cada día. Defendé la otra mirada. Defendé tu voz.

Esta diva total de la ópera, que también se convirtió en estrella mediática, tenía plena conciencia de estar siempre subida a un escenario.

A Aristóteles Onassis, la Callas lo quiso con locura, hasta perdonarle sus traiciones.
A Aristóteles Onassis, la Callas lo quiso con locura, hasta perdonarle sus traiciones.

“El destino es el destino y no hay forma de derrotarlo”, afirma la Callas, griega al fin, en una entrevista televisiva. De la narración de María Callas: en sus propias palabras se desprende que esa es una de las formas de ver a la que está considerada la soprano más grande del siglo XX: como la agonista de una tragedia griega, manipulada por su madre de pequeña, abandonada por el amor de su vida, con problemas vocales antes de los 40, retirándose de los escenarios a los 41 y falleciendo a los 53, por causas borrosas. Otra forma de verla es, claro, como la soprano de registro doble (podía hacer partes de mezzo), como la mejor actriz que pisó un escenario de ópera, como la que superó las barreras del ambiente de los melómanos y llegó a las revistas de actualidad, como la que terminó un aria con un agudo tan inaudito que ese agudo recibió nombre propio, “el mi bemol de México”. Tal vez sea esa la disyunción entre “Maria” y “La Callas” que tanto la obsesionaba: la que divide a la niña a la que su madre obligaba a ensayar todo el día del fenómeno creado por la mamá.

En cualquier caso las interpretaciones no cuentan, ya que María Callas: en sus propias palabras hace honor a su nombre y no narra nada que no esté contado por la mujer nacida Maria Anna Cecilia Sofia Kalogeropoulos en Brooklyn. El realizador Tom Volf se dedicó durante cuatro años a recopilar toda clase de materiales que hubieran pertenecido…